Ser o no ser: la sociedad digital y sus nuevos “sentidos”

 Vamos a intercambiar, en algunas páginas, sobre conceptos de una cotidianidad que nos invade, no surgida solo de nuestras prácticas locales o de la búsqueda de soluciones a nuestras necesidades, sino con elevada frecuencia matizada por razones foráneas…aunque cada vez más cercanas. Partiremos de un pequeño grupo de preguntas esenciales:

¿Qué son las tecnologías? o mejor ¿a qué llamamos tecnologías?
¿En qué medida podemos estar ajenos a ellas?
¿Qué significa -hoy día- conectarse, estar conectado, on line?¿A qué se conectan las personas?¿Estilo WIKI?
¿Qué es un blog? ¿Qué significación tiene Blogguear? ¿Twittear? ¿Son instrumentos? ¿Hábitos? ¿Modas? ¿Pasarán?

Que las tecnologías son herramientas es una especie de verdad de Perogrullo que repetimos por doquier, horondos de nuestra “ilustre” postura, donde dejamos claro -supuestamente- que sabemos establecer fielmente los límites entre la herramienta y el que la utiliza…aunque esto puede resultar bien complejo, y lo demostramos a diario en nuestro propio quehacer.
Un ejemplo : INTERNET. Hablamos de INTERNET como si tuviera personalidad propia, con matices de cierta anarquía tecnocrática, perversa en varios sentidos…en fin, algo de que cuidarnos, pues, a cada paso, nos asaltan los que quieren embaucarnos, vendernos lo ilegal, mostrarnos sus imágenes pornográficas, en fin, pura perversión! (aclaro, esto es solo un particular punto de vista de entre muchos otros).
Hoy les voy a proponer una visión desde un cierto ángulo que nos involucra a todos por igual, incluidos los que no frecuentamos INTERNET, y voy a usar una construcción paralela para ejemplificar.
¿Por qué debe la sociedad -en pleno- enfrentarse resueltamente a los temas relacionados con la producción, venta y consumo de estupefacientes?
Las respuestas suelen surgir intuitivamente: consumir drogas es dañino para la salud, por tanto, resulta obvia la necesidad de enfrentar este flagelo. Pero en esta declaración viene implícito un riesgo potencial: si consumirlas es dañino, ¡entonces si no las consumo, no hay riesgo! Si nadie en mi familia o personas cercanas está en esta penosa situación, ¡pues es problema de otros!. Pero….no es tan así.
¿Por qué? Pues porque además del negativo matiz de individualismo portado en el planteamiento anterior, puedo ser directamente golpeado por acciones derivadas de esta nueva línea de poder que ha aparecido en múltiples lugares del mundo, basada fundamentalmente en los montos financieros que la acompañan, y de pronto, sin tener nada que ver -aparentemente- podemos estar envueltos en hechos violentos o dramáticos derivados de estos oscuros mundos. Y esta es solo una de las variantes.
Pues igual nos está pasando con las prácticas socioculturales que se han ido organizando en los nuevos escenarios construidos desde las tecnologías. Podemos mantenernos supuestamente alejados, aislados, pero es más una postura que una realidad…
Usted puede estar ajeno, pero a diario más de 1500 millones de personas se conectan a la redes, y no solo a la búsqueda de información, sino también -y en cifras crecientes- a depositarla.
Los últimos límites -conocidos por el momento- que obstaculizaban el acceso a estos mundos, o sea la necesaria tenencia de una computadora conectada a esta madeja tecnológica, se están borrando cuando los teléfonos móviles que tan normalmente portamos han ido mutando hacia algo todavía sin bautizar -dada la diversidad de funciones que pueden cumplir- y que nos permite sustituir muchas de las funciones que hace solo unos cortos 4 o 5 años eran privativas de nuestras -otrora- flamante PC.
¿A qué se conectan tantas personas a las redes? ¿Buscando qué?
Las respuestas son diversas, pero tal vez hay dos razones principales, que derivan posteriormente en un amplio abanico de variantes : buscar respuestas a determinados requerimientos de su cotidianidad -¿supervivencia?- y satisfacer sus necesidades como ser social, que no es casual que seamos caracterizados de este modo.
No solo necesitamos comer y mantenernos saludables, sino también relacionarnos con otros semejantes, validar nuestros esquemas de vida, conocer otros, y sentirnos partes de colectivos que nos aceptan, en un proceso de fortalecimiento mutuo. La propia formación y evolución de la sociedad humana es una prueba irrefutable de en qué medida confiamos en la superioridad del grupo sobre el individuo aislado.
Por tanto, de la misma forma que antes íbamos a parar a las comunidades donde se asentaban otros semejantes, nos integrábamos en grupos que permitieron la especialización del trabajo y compartíamos las experiencias devenidas del cotidiano accionar…pues ahora procedemos igual, o mejor dicho, tal vez ascendimos unos cuantos niveles en la complejidad de esta socialización.
Y esto es simple de entender: la capacidad de mantener relaciones sociales a partir de algunos de nuestros sentidos originales, léase la vista, el oído, el tacto, nos limitaba a compartir experiencias de vida con reducidos entornos, por muy sociables que fuéramos. Esto se tradujo en los miembros de la familia, la tribu, el poblado y a mucho extender, la región en que habitáramos.
Los propios límites que caracterizaron nuestras áreas de vida así lo demostraban : las fronteras de los países, los bordes de nuestras poblaciones, los elementos físicos con que delimitábamos nuestras viviendas. Estos bordes duros -y cercanos- se trasladaron a conceptos más complejos, como cultura local, nación…y aparecieron conceptos como estado, al que vamos a prestar atención por un momento : Estado, según algunos teóricos, es la denominación que reciben las entidades políticas soberanas sobre un determinado “territorio”, su conjunto de organizaciones de gobierno y, por extensión, su propio territorio (con límites bien definidos y llamados fronteras), y se reconoce que un Estado nace cuando un número suficiente de otros estados lo reconocen como tal. Esta definición va a quedar aquí, a la espera de que volvamos a ella…y complicándose a cada paso cuando -por ejemplo- nos enteramos que para la próxima entrega de los premios NOBEL se postula a ….INTERNET como aspirante al NOBEL de la Paz, y es en serio. Entonces, ¿será INTERNET un estado de nuevo tipo? ¡Vade retro Satanás…!
Pues bien, volviendo a las susodichas herramientas, resulta que la lista de conceptos que hoy día están quedando en entredicho, o al menos están siendo reanalizados, crece exponencialmente, cuando las relaciones entre personas -que es la razón fundamental que forma los estados, las naciones, los credos y las filosofías- se ven potenciadas a niveles desconocidos hasta ahora.
Conceptos como el de vecino, compañero de trabajo, miembro de mi equipo, conocido, incluso amigo se han reposicionado, perdiendo -en alguna medida- el lastre de la cercanía geográfica que hasta hace un corto tiempo caracterizaba a lo que llamábamos mundo conocido. Esto cambió -para bien o para mal- pero de forma definitiva.
Con estos nuevos “sentidos”, que ahora me permiten relacionarme con personas por doquier, ajeno a su posición geográfica, puedo entrar en cierto tipo de “contacto” con realidades antes inaccesibles, y de alguna forma entonces se ampliaron mis capacidades de construir experiencias, recordarlas y convertirlas en parte de mi cultura.
Si alguien -ahora mismo- está pensando “Si, está bien, pero ahora no es lo mismo, este contacto con estas realidades lejanas está siendo mediada, mediatizada por estos nuevos sentidos tecnológicos, que seguro responden a los intereses de determinados grupos” podríamos responderle que sí, claro que sí, igual que siempre…sería infantil pensar que cuando conocíamos otras realidades a través de la prensa plana, los noticieros, los documentales o cualquier otro tipo de reportaje, estábamos entrando verdaderamente en contacto con lo que allí sucedía, pues siempre algo estaba mediando nuestra percepción de aquellas realidades.
Incluso, se reconoce en las más diversas plataformas socio culturales y filosóficas que los medios de comunicación masiva son atributos de la clase dominante, y esto no es una casualidad. Cada grupo muestra su propia versión de los hechos, filtrada por su cultura, su postura ante la realidad que lo impacta, sus propias experiencias, sus valores, y esto no parece que vaya a cambiar con la aparición de las “nuevas” herramientas.
Por tanto, les propongo pasar a hablar más de prácticas socio culturales apoyadas -una vez más- por las tecnologías del momento, que de las herramientas en sí mismas.
¿Qué tuvieron en común las pinturas rupestres, las esculturas de barro o metal, las inscripciones hechas sobre piedra, las grandes obras pictóricas renacentistas, el heliógrafo, el telégrafo, la radio, la televisión, el teléfono, los satélites y las redes informáticas? Es simple de entender: fueron concebidas -en la totalidad de los casos- para ser usadas o al menos compartidas por otras personas.
Es probable que coincidamos en lo ridículo que sería pensar en un aborigen pintando sobre las paredes de una caverna los detalles de los animales que lo impresionaron, para luego, rápidamente, pasar a borrarlos! Se imagina ustedes a Da Vinci destruyendo la Mona Lisa acto seguido a haberla terminado, o a Beethoven quemando las partituras donde depositó el fruto de su ingenio musical? Pues no, todo parece indicar que la socialización de una determinada información, ya fueran trazos en forma de apetitosos búfalos, paisajes, o arpegios sonoros, ha sido el motivo de más de una creación. O sea, creamos pensando -siempre- en compartir con alguien nuestra creación.
El creador, atormentado por una idea, le da forma, la deposita sobre un portador material, y la envía -esperanzado- a su potencial receptor. En este proceso de comunicación con su contraparte -o sea el receptor- él se realiza, considera cumplida su misión de transmitir aquello que lo impresionó -o que le encargaron, que muchas de las grandes creaciones, incluyendo la Mona, la Capilla Sixtina y otras tantas, fueron hechas por encargo, léase puro negocio-.
Sin embargo, en la esencia de esta creación, algo fue dramáticamente alterado por el volumen -el enorme volumen- de participantes actuales, llegando a pensarse que esta acumulación de eventos cuantitativos -una vez más- tuvieron una repercusión directa en lo cualitativo del asunto. Está claro que por pura y sencilla probabilidad matemática, el que a diario millones de personas ronden un determinado escenario, entrando en contacto con otras personas y sus opiniones, propicia la aparición de eventos sociales que antes no tenían la más mínima probabilidad o motivación para producirse.
Y es interesante como, de un origen totalmente sumido en el anonimato (acceder a fuentes de información remota a través de redes informáticas y de comunicaciones es algo que podemos hacer sin que nadie nos “vea” o sin estar en la necesidad de exponernos a la ”vista” de otros igualmente interesados en las mismas informaciones) se pasó a la existencia de una presenciapública” en la red. El conocido AVATAR no es más que eso, nuestra imagen, nuestra apariencia en estos medios. El propio nombre que se asigna a algunas de estas nuevas prácticas humanas -redes sociales- nos habla de una organización donde lo más importante no son -una vez más- las tecnologías que permiten el accionar, sino las personas, los seres sociales que las habitan.
Los pasos han sido paulatinos, pero con una dirección más que clara : hacernos visibles, darnos a conocer, léase mostrarnos físicamente, mostrar nuestras opiniones, nuestras formas de pensar, contrastarlas con otras personas -que no solo las de nuestro grupo social o de personas más cercanas-, validar nuestras posturas, nuestras escalas de valores, nuestros conocimientos.
Si hace unos pocos años buscábamos por horas -que podían llegar a convertirse en días- una información en una biblioteca, y lográbamos -al fin- acceder a una determinada fuente -obviamente matizada por la cosmovisión de su autor- considerábamos el hallazgo como MUY VALIOSO, e incluso lo registrábamos en nuestra memoria casi como una verdad inamovible, pocas veces pretendíamos validarla o contrastarla con otras semejantes, ¡bien caro había resultado llegar hasta ella!.
Pero todo cambió, aunque puede que no nos guste la sensación de haber sido arrastrados a un mundo de fuertes enfrentamientos entre flujos de información, donde las conclusiones parciales de hoy pueden ser esencialmente alteradas por las de mañana, sin que esto denote superficialidad por nuestra parte, es solo cuestión de conocimiento acumulado e interacción masiva con el mismo, lo que suele generar todo tipo de convulsiones y cambios.
Y entonces, ahora, a principios de 2010, la existencia humana puede (¿puede?) escoger entre mantener los hábitos surgidos en el feudalismo, donde los límites de mi accionar estaban marcados por bordes, murallas y formas de pensar locales, que se mantenía en los límites de lo que podía ver con mis ojos, y defenderlos a capa y espada contra cualquier injerencia foránea, o … atreverse a ampliar sus horizontes, flexibilizar su pensamiento, aceptar la existencia de otras fórmulas para enfrentar los retos de la supervivencia, aunque -obviamente- nos mantengamos a cada paso haciendo una valoración, una comparación con las nuestras.
De alguna forma este paradigma medio “aventurero” de un navegante que se lanzaba al mar, con unas pocas herramientas primitivas, a la búsqueda de un determinado objetivo -usualmente vinculado, todavía hoy, con asuntos financieros- caracterizó el perfil de los actuales usuarios de este nuevo mar que se llama INTERNET.
Incluso, siguiendo con este paralelo entre navegantes de otras épocas y los actuales DIGERATOS[1], aún cuando en todos los casos contaban en su arsenal con semejantes instrumentos (brújulas, sextantes y débiles embarcaciones por un lado, o computadoras, teléfonos y redes informáticas por el otro) los unos lograban su objetivo, incluso los superaban llegando a lugares no soñados, mientras los otros…¡naufragaban a la vuelta de la esquina!.
Y esto ya nos estaba anunciando, desde el principio, que las herramientas no eran -tal vez- el quid de la cuestión, aunque obviamente eran muy importantes, sino más bien que la inteligencia del navegante -y su tripulación- resultaban a la larga definitoria.
Por tanto, de hecho les estoy proponiendo reafirmar que tanto Encarta como Wikipedia, Facebook o H5, Twitter o Picotea, MySpace, YouTube, Moodle o Drupal, teléfonos móviles multipropósito -también conocidos como ¿inteligentes?- o supercomputadoras de oficina, pasando por portátiles de alto vuelo o humildes netbooks, son solo eso, herramientas que nos acompañan, algunas de ellas llegando primero que nosotros, o sea, están dondequiera que vayamos, y entonces… es lógico que aprendamos a apoyarnos y expresarnos con ellas, y con todas las que vayan apareciendo.
Y fíjense que digo EXPRESARNOS, que no solo usarlas. Por ejemplo, el famoso Twitter.
Una herramienta simple, gratis, inicialmente solo en inglés y ahora incorporando otros idiomas, nos permite intercambiar con otros navegantes de las redes, incluso desde nuestros teléfonos móviles…que maravilla! Solo un detalle: podemos escribir solo 140 caracteres, incluyendo espacios…por tanto hay que aprender a resumir lo que queramos decir, porque si no, estaremos fuera de lugar. por decirlo de alguna forma. (para tener idea, en la frase anterior subrayada en itálicas, hay 131).
Facebook es más generoso, igualmente gratis, nos permite usar un mayor número de palabras, incluir fotos, videos y grabaciones de audio, todo en un mensaje más completo, complejo -y por ende pesado, difícil de transportar por la red, por lo que el factor tiempo comienza a influir marcadamente- lo que hace que coexista con Twitter sin considerarse competencia: cada uno a lo suyo :
· La inmediatez : Twitter.
· Lo más completo: Facebook.
· La profundización sobre un determinado tema: los blogs personales o de empresa.
En resumen, ya sean 140 caracteres, o 1400, o 14 000 como tiene este documento hasta ahora, estamos hablando de una familia de aplicaciones : editores de texto (como el conocido Word o el Notepad) en primer lugar, y un poco más allá, herramientas capaces de integrar archivos de distinto tipo, como texto, imágenes fijas o en movimiento, sonidos y todo lo que se vaya sumando -¡estese seguro que esta historia no va terminar aquí, nada de eso!-.
Ah! será la propia vida la que nos lleve a escoger: si participando en un determinado evento -de forma fortuita o planificada- desea usted mantener al tanto del detalle a un grupo determinado de allegados o seguidores -como se les denomina hoy día a los interesados en el quehacer de una cierta persona- es probable que desde su propio teléfono vaya escribiendo resúmenes de ideas que expresen -obviamente- su opinión personal sobre lo que allí sucede. Esto debe ser hecho de forma simple, acelerada para que no pierda actualidad, y desde una herramienta que con frecuencia solo nos brinda un limitado grupo de prestaciones, entre ellas menos teclas que las que estamos habituados a usar desde las famosas máquinas de escribir del siglo.
Por tanto, hay que -de nuevo- aprender a resumir opiniones, estados de ánimo, esencias de lo que acontece a nuestro alrededor, ya seamos participantes -que siempre lo somos, aunque nos mantengamos en la “cerca”- o simples observadores.
Un último comentario. No es saludable agrupar indiscriminadamente las herramientas con que podemos contar hoy día, por diversas razones, sobre todo estratégicas. Por ejemplo, el concepto WIKI.
Surgido en 1994, cuando Ward Cunningham lo escogió para nombrar su invento, consistente en un sistema de creación, intercambio y revisión de información en la web, con participación libre aunque sometida a cierto ordenamiento, vino a significar una nueva forma de creación colaborativa a partir del uso de las redes como herramienta de intercambio. Significó, y esto resulto esencialmente novedoso, llegando a dar lugar a un evento cultural de la magnitud e WIKIPEDIA, una enciclopedia multilingüe conformada con el quehacer de miles de personas que fungen como escritores, editores y correctores, de forma gratuita. Hoy día, con detractores y seguidores, acumula 576 mil artículos en español -que no es su fuerte exactamente-, y resulta una obligada fuente de referencia, búsqueda y contraste de información.
El argumento que -con alguna frecuencia- se esgrime en su contra sobre el riesgo de una autoría “colectiva” sobre sus contenidos, lo que no permitiría exigir responsabilidades sobre una determinada opinión, podría ser usado también con numerosos mensajes que a diario nos llegan desde el anonimato de términos como “Colectivo de Autores” o “Editorial”. Por tanto, es un argumento veraz, pero nada nuevo en verdad…
Por tanto, si haciendo la consabida comparación entre la Enciclopedia Encarta de la empresa norteamericana MICROSOFT -herramienta cotidiana de más de un navegante, aunque públicamente se niegue con cierto pudor- y WIKIPEDIA, de un amplísimo colectivo de autores, nos viéramos obligados a escoger…pues las tomaríamos en cuenta las dos, sin ningún prurito, incorporando -además- toda aquella información que tengamos a nuestro alcance y nos sirva para contrastar opiniones y OTORGAR CREDIBILIDAD, algo en lo que ninguna herramienta sustituye al navegante humano, al digerato.
El decidir -de entre todo lo consultado- qué voy a tomar en cuenta y qué a desechar…solo nos compete a los humanos apremiados por dar respuesta a las exigencias que dan lugar a todas estas acciones.
¿Cómo se trasladan a estos escenarios las acciones clásicas que desde hace siglos caracterizan el maniobrar entre grupos humanos con intereses opuestos?
Bueno, al inicio mandaban a un emisario a la tribu vecina, con un mensaje o declaración que ponía en peligro su propia vida, aunque se presuponía la inmunidad del mensajero…cosa que era frecuentemente incumplida. Después, organizados en bloques, países de un lado enviaban embajadores al otro, portando igualmente declaraciones con diversos matices de violencia, anunciando invasiones, destrucción, muerte…
En estos dos casos anteriores, los mensajes solo eran conocidos por sus creadores, los portadores y los receptores finales, a quienes habían sido particularmente enviados (reyes, faraones, príncipes y sus cortes).
Pero ahora no. Se habla de un traslado del mundo de la diplomacia y las acciones bélicas hacia…las redes, lo que NO significa -lamentablemente- que desaparezcan las guerras convencionales y sus clásicas secuelas, nada de eso.
Pero si que intentemos ahora, a sabiendas de la cantidad de personas puestas a nuestro alcance por algunas de estas tecnologías, ganar su opinión, o al menos inclinarlos hacia nuestro lado, pues es muy probable que la presión social de estos millones de individuos obre resultados difíciles de obtener por otras vías… y de forma mucho más económica.
Por lo tanto, esa inmensa masa de opiniones no es nada despreciable, y ahora tanto las campañas presidenciales como los anuncios y partes de guerra se encuentran al instante en la red, llevando de un lado a otro del planeta asuntos que antes podían pasar -en ocasiones- inadvertidos y obligándonos a actuar desde un peligroso desconocimiento.
O peor, llevando a otros a actuar con desconocimiento de nuestros puntos de vista, nuestros argumentos, nuestras experiencias. Y esto es algo fácilmente solucionable, dado el matiz bidireccional de todas estas comunicaciones, que las diferencia esencialmente del radio y la televisión, al menos en las versiones conocidas hasta el momento.
Como no solo podemos usar las redes para buscar información, sino también PARA DEPOSITARLA, somos todos responsables de la imagen país que los demás perciben, cuando no podemos evitar que otros escriban sobre nosotros, pero si podemos conjugar nuestra habilidad, nuestra sabiduría de primera mano, con las herramientas que desde hace ya varios años tenemos a nuestra disposición. (Twitter desde 2007, Facebook desde 2005 y asi…y en el mundo de las tecnologías 3 o 4 años es MUCHO TIEMPO)
¿Por qué digo esto? En lo personal considero que una gran parte de las veces que escucho las justificaciones del tipo “carencia de recursos” o “tecnologías obsoletas” estoy realmente presenciando declaraciones de desidia, de falta de motivación, en fin, de problemas MUCHO MAS SERIOS que la propia carencia de una determinada herramienta, que de tenerse puede aliviar una determinada situación, pero poco frecuentemente hace en verdad la diferencia a la hora de un enfrentamiento de CRITERIOS, CONCEPTOS, IDEOLOGÍAS.
Cuando, por citar solo una línea de pensamiento posible, estudiamos lo que hoy día se conoce como BRECHA DIGITAL, realidad innegable que dificulta -en alguna medida- a los países en desarrollo el logro de desempeños más exitosos, vemos que los más diversos autores plantean -al menos- 3 niveles diferentes dentro de este complejo concepto:
1. Carecer físicamente de una determinada tecnología.
2. La tenencia de la tecnología, pero no el conocimiento para usarla convenientemente.
3. La no apropiación creativa de las tecnologías a nuestra disposición, léase ponerlas en función de nuestras propias necesidades, adaptándolas a nuestras condiciones objetivas de desarrollo.
Es importante entender que al menos 2 de estos estadios que actualmente distancian al mundo desarrollado de los -desde un punto de vista tal vez algo edulcorado- llamados países emergentes no tiene que ver con la tenencia física de las herramientas, sino más bien del desarrollo mental de los humanos que debemos obrar con ellas.
Un último detalle en este sentido : los esfuerzos realizados en función de explicar únicamente el ¿cómo operar cada nuevo instrumento?, llámese netbook, iPad, eBook, Twitter o Chatroulette, no resuelven el logro de una asimilación y un accionar creativo con el mismo.
El apoderarse y usar convenientemente -según una valoración de corte social y cultural- una determinada herramienta, una cierta tecnología, nunca vendrá -solo- de estudiarse en detalles las instrucciones del fabricante sino que deberá ser logrado desde bases culturales, sociales y filosóficas que justifiquen y den razón a nuestro accionar, pasando de ser simples usuarios o consumidores, a generadores de nuevas realidades que mostrar, compartir y validar en esta práctica de dimensiones verdaderamente asombrosas que se está logrando a partir del accionar de mucha gente inteligente, con algunas tecnologías adecuadas a sus intereses que no fueron concebidas con frecuencia para el uso que terminó dándoseles.
¿Un ejemplo sencillo? En varios países del continente africano, carentes con frecuencia de redes tecnológicas urbanas, electricidad en gran parte de sus territorios, y servicios de diverso tipo como los bancarios, el contar con cobertura satelital para los servicios de telefonía móvil ha dado pie a un servicio llamado “dinero móvil” donde, a partir del saldo con que cuente en mi teléfono , puedo consumir bienes o servicios que serán abonados a partir de esta “divisa improvisada”, o lo que es lo mismo, transfiriendo dinero de mi saldo telefónico al del suministrador a través de un mensaje de texto, los conocidos SMS.
Esta es una apropiación creativa de las potencialidades tecnológicas que encontraron a su disposición un grupo de -indudablemente- hábiles comerciantes y necesitados consumidores, que bien pudieron haberse quedado esperando soluciones futuras, lamentándose por su “mala suerte” o sus “carencias”, pero que prefirieron ir resolviendo con lo que estaba a su alcance, aunque no hubiera sido concebido exactamente con este fin.
Si alguien nos hubiera dicho, hace solo 5 minutos, que con el dinero que pusimos en la cuenta de nuestro teléfono móvil podríamos pagarnos un café…posiblemente hubiéramos obtenido en respuesta una sonrisa burlona, y una pregunta del tipo ¿te imaginas el enredo de coordinaciones que habría que armar para que la empresa telefónica transfiriera a una cafetería el monto de lo consumido? Pero, en verdad…¿esta habría sido una limitación impuesta por las tecnologías?¿o por nuestras esquemáticas y -tal vez- perezosas mentes, más dispuestas a buscar culpables que soluciones?


[1] DIGERATO, devenido al igual que literato, de aquellas personas que son capaces de utilizar las plataformas y herramientas digitales para expresarse como ser humano, para intercambiar, aprender y mostrar sus opiniones y resultados.

1 comentario:

Jordan dijo...

(aplauso*)

Muy buen post, muy interesante y bien redactado. Ciertamente creo que las nuevas tecnologías y en especial la World Wide Web es nuestro único rayo de esperanza para evolucionar y escapar de esta esclavización autoimpuesta (si, autoimpuesta) al que nos ata este sistema capitalista-monetarista y que solo nos puede llevar a la extenuación de la capacidad de sostenimiento del planeta, y por lo tanto a la miseria y el desastre.

Nos ponen políticos para que creamos que existe la democracia, pero no nos dan la opción de cambiar de sistema... Porque no quieren que lo hagamos.

Lo único que salvará a la humanidad de una nueva edad oscura es la movilización de masas a través de las redes sociales, y eso solo se conseguirá informando a la gente por medio de un canal eficiente que no presente censura... Como este.

Sin embargo, lo más seguro es que en un futuro no muy lejano "La Élite detrás del Telón" que ahora mismo domina la economía a su antojo (y por tanto al mundo que está subyugado a dicho sistema) se proponga dominar también esta poderosa herramienta de comunicación, o como "ellos" la llamarían si se llegan a apoderar de la www; Red de Control de Masas. (y de hecho ya se están haciendo maniobras prácticas para ver qué sería lo más efectivo, como "The Great Firewall" en china, "SGAE" en españa, "Ley anti P2P" en Francia, etc)

(Puede que compren Google...si es que no lo ha hecho ya...)


Te sigo de cerca en picotea.
Y por favor, no me llames paranoico. Hay demasiadas evidencias de ello por todas partes...